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Mundo nuevo audiovisual: ¿escenario del conflicto?

Por Rafael Grillo
Fuente: AlterCine de IPS Cuba
22/02/2013


Camara¿Conduce el desarrollo galopante de las nuevas tecnologías y su capacidad democratizadora de la producción audiovisual hacia un escenario apocalíptico de crisis del cine contemporáneo y del papel mediador de los críticos entre el producto cultural y sus consumidores, que conllevaría inevitablemente a un rebajamiento del paisaje estético del audiovisual?

Esta fue la cuestión subyacente tras el debate que cerró la Segunda Semana de la Crítica Cinematográfica. El evento, convocado por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica (filial nacional de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica), concluyó sus sesiones teóricas el 2 de febrero, en el Pabellón Cuba, acogiendo el tema “Archivos como zombis. La proliferación de contenidos y las nuevas formas de consumo audiovisual”.

Ante un panorama apto para ser enjuiciado entre las coordenadas de oportunidad o desastre, Víctor Fowler, uno de los invitados al panel, afirmó: “Un mundo nuevo va apareciendo detrás de la destrucción de las antiguas jerarquías audiovisuales”.

Para el ensayista, urge “un cambio ético” y la “voluntad de asumir la universalidad de la imagen audiovisual y de integrar en el campo de análisis las formas de producción y consumo audiovisual impulsadas por las nuevas tecnologías”, que van desde el cine y sus circuitos tradicionales de distribución hasta los videos virales y su horizonte webmedial.

Cuando la producción de cultura audiovisual se emprende desde cualquier rincón del planeta, con muy disímiles niveles tecnológicos y competencias de formación profesional, se hace necesario, al decir de Fowler, otro tipo de crítico, capaz de sumergirse en “esos juegos de la imagen y el sonido”, con una postura hermenéutica, interpretativa y no prejuiciosa.

En definitiva, el “algoritmo de la transmisión del conocimiento” sigue siendo el mismo: la educación, y para incidir en ella y contribuir a la selectividad y conformación del gusto, se precisa una actitud facilitadora de la “interacción comunicativa” con las generaciones que han crecido en un contexto audiovisual dilatado por la influencia de vías como la televisión e Internet, con sus páginas webs, blogs, redes sociales, canales online, etc.

Cuba, aun con su inferioridad tecnológica y las limitaciones de entrada a Internet, no escapa a esa dinámica global. En su introducción al panel, Gustavo Arcos, profesor de la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA (Instituto Superior de Arte), introdujo una síntesis de la manifestación de este fenómeno en el territorio nacional.

El monopolio de la producción y consumo de la imagen audiovisual mantenido por el Estado y sus instituciones, como el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), comenzó a desintegrarse a partir de la pasada década de 1980 en el país, con la llegada de las videocaseteras y el nacimiento de un movimiento de videastas aficionados.

Actualmente, es enorme ya el número de creaciones audiovisuales independientes y las formas de acceso se han multiplicado con el trasiego mediante memorias flash y redes autónomas, Internet y la aparición del vendedor de películas por cuenta propia.

Esta tendencia al privilegio de un consumo individualizado y ajeno a las ofertas estandarizadas por los circuitos estatales, así como el envión de prácticas artísticas no oficiales, según intereses y necesidades de expresión personal, parece irrefrenable. El deseo de los cubanos de involucrarse en el entorno web y hacer uso de sus opciones para la función comunicativa y la creación personalizada, crece a contrapelo de cualquier modo de “racionamiento” o de control.

Acerca de las posibilidades de ese escenario llamado “posmedial” (web 2.0 o participativa) versó la intervención de la joven historiadora del arte Anaeli Ibarra. Gestionar “vidas sociales” en la web, producir contenidos de manera amateur, desplazamiento de lo público hacia la Red, conformación de un “yo virtual” o “yo mediático” son algunos de los eventos emergentes.

Ante esta avalancha de nuevas prácticas, plantea Anaeli que los investigadores y críticos deben replantearse su aparato categorial y, además, esforzarse en una mirada no de cuestionamiento a su valía como hechos artísticos o en su función estética, sino de inserción en una lógica en la que estas prácticas emergentes deban ser explicadas en tanto “hechos sociales y culturales”.

Como participante del panel y a manera de cierre expositivo, el autor de estas líneas mostró al público un par de audiovisuales de difícil clasificación genérica, que invitaban a la lectura de un texto literario en una “atmósfera audiovisual” de imagen y sonido. La experiencia del proyecto Isliada Canal-Visualeer, una conjunción del uso de las posibilidades de difusión online de YouTube y de la labor de un realizador independiente, concebido desde Cuba, sirvió de colofón a una jornada que invitó a los críticos a revisar sus actitudes.

Porque si hoy es malo ser ingenuo ante el universo audiovisual del nuevo milenio, tampoco es conveniente intentar enajenarse de este o avistarlo como un demonio.

 

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